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Bienvenido/a a este blog, que nace, con el año 2012, como vehículo para divulgar y compartir inquietudes e ideas, sobre todo en materia de turismo. Antes, he aquí el documento resultado de casi cinco años (2010 a 2014, 55 artículos) escribiendo cada mes en HEconomia, con análisis y propuestas para el turismo provincial: https://dl.dropboxusercontent.com/u/48698330/HEconomia_2010_2014_55_articulos.pdf

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domingo, 21 de agosto de 2016

CONTRA CORRIENTE


Los Juegos Olímpicos (tanto los de verano que acaban de concluir como los de invierno)  son los eventos deportivos por antonomasia. Cada cuatro años asistimos a esta gran exaltación del deporte en general. Un gran espectáculo y un gran negocio a la vez, que crece y crece en cada edición y que mueve cantidades de dinero cada vez más ingentes.

Como seguidor del deporte y de los deportistas, más o menos en función de modalidades preferidas y procedencias, lo ocurrido en estas dos semanas largas me suscita algunas reflexiones, que asumo estarán alejadas de las habituales y más amables de leer o escuchar: de ahí el título de este post. No por ello dejo de enfatizar que el deporte encarna valores de gran importancia, a través de cuya práctica se hacen tangibles y se transmiten, en especial a través de quienes obtienen la gloria de participar y, aún más, de ser galardonados en eventos de envergadura universal como los referidos Juegos: esfuerzo, sacrificio, disciplina, superación, trabajo en equipo, sana competitividad…Quienes llegan a este Olimpo merecen el reconocimiento social: es muy muy difícil lograrlo y dejan un poso positivo en la sociedad de la que forman parte.

Con todo, este aserto es compatible con otras miradas, como las siguientes:

*El deporte implica emoción, pasión, pero de ahí a la histeria hay un paso que debería, pienso, llamar a la reflexión. Vivimos en una sociedad hiperconectada y mediática, de los medios de masas, que parecen, al menos en algunos casos, haber cruzado esa frontera. ¿Confiere esto más audiencia? La histeria es por definición irreflexiva, acrítica, contagiosa, y hay que pensar si eso es lo que nos conviene. Mi opinión es que no, aunque algunos crean que funciona y la practiquen.

*¿En qué cree la gente, sobre todo las nuevas generaciones? En una sociedad como la nuestra, descreída, con la religión en declive, la política profundamente desprestigiada, un sistema económico en el que la persona queda a su servicio y no al revés, instituciones más que cuestionadas,… ¿está el deporte, y los valores que representa, ocupando un papel más central en la vida social? Parece que sí. Tiene la virtud añadida de servir de válvula de escape.

*Es indudable que tras un éxito olímpico hay, además de talento, años de mucho y duro trabajo. Ahora se les reconoce, con el gran altavoz que representan los medios de comunicación de masas y las redes sociales: el deporte vende mucho y, por ello, hace marca. Más que de los deportistas que han sido tocados por los dioses del Olimpo, que suelen manifestarse públicamente de manera bastante sensata, la exageración se apodera de las masas, tanto más cuanto más cercanos se sienten de ellos, sea por paisanaje, por simpatía personal o por ser fan del deporte de que se trate. Sin perjuicio de ese trabajo, también otros, en otros quehaceres, se dejan lo mejor de sus vidas en otras tareas de gran impacto/beneficio social, aunque sean más oscuras, menos conocidas. Si la pregunta es por qué no han estado tan en la lupa mediática y no han tenido la trascendencia que teóricamente merecerían, la respuesta seguramente es porque esas noticias no venden tanto, no están tan impregnadas de emoción y pasión. Y si algo se vende es porque hay quien lo compra, y hay cosas que se compran más y otras que se compran menos. Al final depende de todos y cada uno de nosotros: pensémoslo.

*¿Actuaríamos igual, por ejemplo echándonos a las calle, festejándolo en las fuentes públicas y con recibimientos en plan heroico de representantes políticos varios que, a menudo, más que apoyar usan -no dejarse usar en estas situaciones es pedir demasiado por temor a la ingratitud-, si en lugar de un/a medallista olímpico/a nos hubiera salido un/a Premio Nobel? ¿Le damos la misma importancia al científico que dedicó  tantos años de su vida a desarrollar, pongamos por caso, una vacuna que ha sido capaz de salvar millones de vidas? Me temo que no. Y esta es una cuestión de escala de valores sociales, que tiene una gran trascendencia. Muchos pequeños sueñas con ser algún día uno de estos deportistas de élite, no un científico. Si, por poner otro ejemplo, reconocemos que nos falta mucho espíritu empresarial es porque, entre otras razones, el emprendimiento (el empresario/a que arriesga de verdad) no está prestigiado como debiera en la escala social. Esta es la trascendencia, que no deberíamos dejar pasar por alto.

En consecuencia, pongamos las cosas en sus justos términos, con cariño pero con mesura a la vez, lo cual exige repensar nuestra escala de valores y sus prioridades, en función de lo que aportan en cada momento histórico al progreso social.

Me gustaría ver que a científicos, inventores, maestros, emprendedores…de primera línea le dispensamos el mismo fervor que a estos deportistas (o clubes de fútbol, por citar el deporte rey): ni más ni menos. Creo que nos iría mejor  como país, pero no es más que una ilusión. Esta escala de valores parece, hoy por hoy, estar en vías de extinción. La gran interrogante es adónde nos lleva. Naturalmente, yo tengo mi teoría (que no me complace), pero dejo que cada cuál, si lo desea, se construya la suya.

P.D.: Queda por ver hasta qué punto los Juegos de Río van a mejorar las condiciones de vida de los cariocas. Esta es otra paradoja: la de la burbuja deslumbrante del deporte de élite, con sus fantásticas infraestructuras fruto de enormes inversiones públicas, frente a la cruda realidad de las favelas, es decir, de la enorme desigualdad y lacerante pobreza. ¡Siempre nos quedará el aumento del turismo!

NOTA: Continúa en CONTRA CORRIENTE (II):
http://alfonsovargassanchez.blogspot.com.es/2016/08/contra-corriente-ii.html

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