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Bienvenido/a a este blog, que nace, con el año 2012, como vehículo para divulgar y compartir inquietudes e ideas, sobre todo en materia de turismo. Antes, he aquí el documento resultado de casi cinco años (2010 a 2014, 55 artículos) escribiendo cada mes en HEconomia, con análisis y propuestas para el turismo provincial: https://dl.dropboxusercontent.com/u/48698330/HEconomia_2010_2014_55_articulos.pdf

Además, en las siguientes URLs encontrará más, mucho más, sobre mi actividad académica: http://www.uhu.es/alfonso_vargas/ - http://alfonsovargassanchez.wix.com/geidetur

Y lo más importante: ¿aún no conoce Huelva? Descúbrala en el siguiente enlace y en la presentación que sigue: http://www.turismohuelva.org - https://www.dropbox.com/s/8ada1ku91qtoknc/AunNoConocesHuelva.pps?dl=0

sábado, 24 de octubre de 2015

TRES MITOS SOBRE EL TURISMO

“¡Que inventen ellos!” Así definió nuestra manera de encarar el desarrollo científico y tecnológico el maestro Miguel de Unamuno allá por 1906, en su ensayo “El Pórtico del Templo”. Aunque parezca mentira después de más de un siglo, y en la era del conocimiento, este desdén por lo que ahora llamamos innovación aún sigue estando en el subconsciente de personas que dicen representar al empresariado turístico. No importa el “pecador”, sino el “pecado”, que no tiene nada de venial. La sombra de ese estereotipo, aunque cada vez menos ajustado a la realidad, sigue siendo alargada, y nos da una idea de la capacidad de un territorio para progresar; o dicho con otras palabras, empezamos a entender cómo la mentalidad empresarial (y política) dominante influye en el atraso de los pueblos.
Cierto es que el turismo y sus empresas se han incorporado tarde a este fenómeno de la innovación, que ha bebido de las innovaciones hechas en otros sectores de actividad (adoptándolas y adaptándolas a sus necesidades), pero no por ello deja de ser un factor clave para su desarrollo futuro: no es ninguna excepción en la economía actual. ¿Cómo si no, en el medio/largo plazo, podremos ser competitivos si casi todos los huevos que tenemos en nuestra cesta turística están colocados en el trinomio ladrillo, sol y playa y masificación? Nadie pensará en su sano juicio que, en un mercado global, podremos hacerlo con base en los precios. Sé que estoy generalizando, pero éste es el primero de los mitos que hemos de desterrar, empezando a ver el turismo como un sector cada vez más intensivo en información y soluciones tecnológicas, y eso significa promover la colaboración con los agentes del conocimiento (especialmente las universidades) y dar más prioridad a los esfuerzos en I+D+i. Y los más pequeños, a agruparse y cooperar, para poder hacer lo que de forma individual su tamaño y recursos no les permiten.
El segundo mito lo extraigo de la misma fuente que el anterior, cuando se afirma que salvo la comercialización, lo demás sobra. O sea, que aún contamos con dirigentes empresariales/políticos que ven el turismo de forma tan simple como un conjunto de productos que hay que promocionar. Y basta, desconociendo la creciente complejidad de esta actividad económica por su transversalidad, por la multiplicidad de agentes privados y públicos que intervienen y es preciso coordinar dentro de una estrategia explícita y compartida, por los cambios que se están produciendo en todos los órdenes (social, cultural, demográfico, ambiental, etc.)… Además de despreciar el conocimiento (la inteligencia competitiva), se sigue pensando que las grandes cadenas hoteleras son el centro del universo turístico, sin dar atención a cuáles son hoy en día las razones del turista en potencia a la hora de movilizarse y elegir un destino (que cada vez tienen menos que ver con el alojamiento, salvo en los modelos socialmente insostenibles en que está cautivo con el todo incluido); aparte de opciones que han tomado una fuerza inusitada fruto de la llamada economía colaborativa o P2P. Aunque deban ser reguladas (pensemos en las viviendas para uso turístico), éstas han llegado para quedarse, catapultadas a velocidad de vértigo por las tecnologías de hoy en día. Pues sí, estimado/a lector/a, esta mentalidad aún existe y manda. No sé hasta qué punto es representativa de lo que ocurre en nuestro país, aunque cada vez su peso sea (por fuerza) menor, pero debe quedar claro que en el turismo existen más grupos de interés a los que hay que dar su papel a la hora de definir el modelo turístico que se desea para un determinado lugar (entre otros las comunidades locales receptoras de los flujos turísticos, que menciono expresamente porque suelen constituir el eslabón perdido en los procesos de planificación turística, caso de existir).
El tercer y último mito que referiré en este post tiene que ver con la artificialidad en la definición de los destinos turísticos. Por un lado, resulta que ahora el turismo está en las agendas de cualquier gobierno municipal, sin preguntarse si en realidad ese territorio cuenta con recursos como para ello. Es evidente que en muchos casos los ejes del desarrollo socio-económico no pueden venir de la mano del turismo, ni siquiera como un complemento, que es lo que generalmente es. Sin embargo, raro será el ayuntamiento que no cuente con un concejal del ramo, que hace lo que puede (si es que puede hacer algo), incluso confundiendo esta área con la de poner rotondas, adecentar jardines, arreglar desperfectos urbanos u organizar algún que otro evento que no puede quedar más que para consumo local. Y por otro, la artificialidad de la provincia para la delimitación de un destino turístico y sus entes de promoción o de gestión. Un destino turístico no lo define alguien en un despacho con un mapa por delante. Somos tributarios de los corsés administrativos, sin reparar en que esa delimitación se realiza en realidad en la menta del turista, siendo, además, dinámica, pues suele cambiar con el tiempo. El turista puede percibir dos comarcas de provincias diferentes como un único destino turístico, por ejemplo. O en una misma provincia, dada su diversidad, pueden coexistir varios destinos turísticos, que resultaría más eficaz promocionar y gestionar separadamente, en función de sus singularidades. A nivel personal, haría desaparecer las provincias a este nivel.
En suma, reconozcamos que las principales limitaciones están en nosotros mismos. A partir de ahí tratemos de evolucionar. No todo el futuro es incierto: hay una parte que depende de nuestra capacidad para leerlo y anticiparnos. La obsolescencia turística que manifiestan ciertas mentalidades ha de ser reemplazada por visiones renovadas, frescas, actuales, amplias y con proyección de futuro, además de con independencia de pensamiento. ¿Es mucho pedir?
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lunes, 19 de octubre de 2015

LA OBSESIÓN POR EL CRECIMIENTO

El crecimiento suele ser una de las variables utilizadas para medir el desempeño empresarial. Si la demanda crece es lógico, en principio, que la empresa se plantee al menos acompañar ese crecimiento del mercado para no ver menguar su parte de la “tarta”; ídem cuando comparamos una empresa con su principal competidor, para no perder posiciones respecto al mismo. Ahora bien, incluso en este ámbito estrictamente empresarial, las estrategias de crecimiento (que ciertamente pueden generar sinergias positivas fruto de un mayor tamaño y una más rápida acumulación de aprendizaje y experiencia) se tamizan a través del prisma de la rentabilidad y del equilibrio financiero, para velar por la supervivencia de la compañía.
La traslación de este razonamiento a un destino turístico entraña algunas diferencias, pues un destino no puede entenderse exclusivamente como el conjunto de empresas que allí operan. Puede que a determinadas empresas, con especial atención a aquellas que por su tamaño y actividad generan un mayor impacto en el territorio, les interese crecer, pero al destino en su conjunto quizás no. La razón es porque hay otros elementos en juego o grupos de interés que han de intervenir en el diseño del destino. Por ejemplo, el que suele ser el eslabón perdido: los residentes. Quizás esas empresas quieran que el número de turistas siga aumentando, pero debe tenerse presente en qué medida ese crecimiento afecta a la calidad de vida de la comunidad local y, por tanto, es aceptada por ésta. Competitividad y sostenibilidad han de ser las dos caras de la misma moneda. ¿Lo son en realidad, aun asumiendo que se trata de un proceso, no de un suceso? Cabe preguntárselo en cada caso.
Con todo, este mensaje de la sostenibilidad (en lo que afecta a los aspectos sociales y ambientales) la verdad es que suena hueco en muchas ocasiones, eclipsado por la obsesión por el crecimiento (más y más turistas, de forma indiscriminada) que se ha instalado entre políticos y empresarios, como si esto fuera un fin en sí mismo, el alfa y el omega: todo a lo grande... Nuestro sabio refranero dice aquello de que “el perfume bueno siempre viene en frasco pequeño”.
En realidad, como se señalaba en el párrafo primero, también aquí habría que pensar en equilibrar el crecimiento con otras variables, incluida la controvertida (por su difícil cuantificación) capacidad de carga. Por ejemplo, el hecho de recibir más turistas no significa necesariamente ni más rentabilidad empresarial ni mayores beneficios para las comunidades receptoras. Es una decisión contextual, que depende de las características de cada caso, pero si ese crecimiento es a costa de convertirnos en un commodity, es decir, actuando exclusivamente sobre la variable precio para estimular la demanda, la apuesta puede ser tan peligrosa como para hacernos entrar en una espiral de caída en picado con progresivo deterioro de la calidad del servicio y de la rentabilidad. Huyamos de ese círculo vicioso, pues el destino en su conjunto saldrá perjudicado.
Además, deberíamos tener presente que el crecimiento no es eterno y debería actuarse con prudencia, pues una vez el ciclo alcista se invierta el ajuste de la oferta es muy difícil de hacer por las rigideces que entraña, y el riesgo de entrar en ese círculo vicioso se agudiza.
Necesitamos utilizar, por tanto, otro tipo de indicadores que trasciendan los cuantitativos, que por ser más fáciles y rápidos de obtener son los que habitualmente se usan, especialmente por los representantes políticos (y a su conveniencia, claro). Con ellos no estamos ofreciendo la imagen fiel (como dirían los contables) del comportamiento de un destino turístico.
Diría que los roles críticos a desempeñar por los gestores de los destinos, caso de existir algún ente gestor, tienen que ver con la gestión de la información (sobre todo con base en datos primarios), el diseño (planificación a largo plazo) del destino (lo que implica anticipación, no actuar o lamentarse a toro pasado) y la creación de significados que cautiven a aquellos clientes que se desean atraer. Las preguntas son si estos últimos se han identificado (porque no todo debería valer), si las acciones que desarrollan la estrategia formulada (caso de existir) son aplicadas y se rinde cuenta de los resultados, y si la información que se maneja (expresada en los correspondientes indicadores) proporciona una imagen del destino consonante con su creciente complejidad. Las Administraciones públicas y las empresas no son los únicos a tener en cuenta y que han de intervenir en este proceso. No sería inteligente, ahora que empieza a hablarse tanto de destinos turísticos inteligentes, concepto que no tiene sólo que ver con el uso intensivo de herramientas tecnológicas.
P.D.: Alguien podrá calificarme como ingenuo, por no haber mencionado la principal preocupación de dichos gestores: la satisfacción de la instancia política que lo nombró, a menudo con criterios no sólo ligados a su idoneidad profesional. Llevaría razón, pero es otra variable de la ecuación que debemos cambiar, y urgentemente. Nos lastra demasiado.
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lunes, 12 de octubre de 2015

EL MURO: DEL APRENDIZAJE

Este artículo es el número doce de esta serie (uno al mes, un año), y será el último por voluntad propia, fruto de mi proceso de aprendizaje.

Cuando no consigues cambiar aquello que te rodea y llegas a la convicción de que seguir es inútil, por lo que representa de toparte una y otra vez con el mismo muro inamovible, la conclusión es que eres tu quien debe cambiar. No soy don Quijote ni el Llanero Solitario; tampoco un kamikaze y un adherente al empalagoso positivismo antropológico. Este humilde académico que gusta de patear la realidad y estuvo siempre disponible y comprometido con su tierra y sus gentes desde la libertad de no buscar nada para sí, se retira, con el nuevo curso, a sus cuarteles de invierno.  La lucha es extraordinariamente desigual y condenada al fracaso.

A fe que lo he intentado, pero mis 'armas' son muy limitadas: sólo el estudio y la palabra, y ésta, la de mis artículos de opinión, era una vía más para hacer llegar a la sociedad ideas que pudieran mejorar nuestra realidad en aquellos ámbitos en que, sin pretensión de estar en posesión de ninguna verdad absoluta, considero que algo puedo aportar. A la postre, mi percepción es que ha sido como escribir para ciegos o leer para sordos; y la sensación de soledad casi total permanece, sobrepasado por el pensamiento único imperante e inoperante (o peor aún, por el no pensamiento) y la falta de valentía para decir lo que se piensa y, si es menester, romper los moldes.  Y aquí meto a la prensa, cuya libertad es clave para su legitimidad social, supervivencia y jugar el papel que se espera de ella, tan importante en un sistema democrático. Parte de esa libertad es la pluralidad y el contraste/análisis de propuestas, no simplemente dar una cómoda voz a los poderosos (política y/o económicamente).

Otros podrán hacerlo con más arrope y acierto que un servidor, o al menos tienen la posición para ello. Yo, quizás, en otros lugares, allí donde pueda dejar algo. Con todo, mi conciencia está tranquila: me he esforzado todo lo que he podido y he dado todo lo que tenía con el mejor afán constructivo, lo que trae consigo la crítica, sin la cual el progreso no es posible. Son las ventajas y los inconvenientes de ser independiente. Me choca mucho, pero intentaré ser feliz de este modo, aunque tenga que convivir con la sensación de inmovilismo y de que todo está politizado, sin que exista vida fuera de ahí, de un mundo en el que ni estoy ni estaré: no valgo para estar en él.

La Madre Teresa, albanesa de origen aunque se le conozca como Madre Teresa de Calcuta por haberse dejado la vida en ayudar a los más desfavorecidos de la India, dijo aquello de que "La honestidad y la transparencia te hacen vulnerable. Sé honesto y transparente de todos modos". Yo me lo creo y me lo aplico, aunque sea visto como raro: lógico por venir de un personaje excepcional. Necesito de algún tiempo y ayuda para repensar mi papel en el mundo. No podré dejar hijos ni fortuna, y no quisiera pasar por la vida sin pena ni gloria. Soñaba con dejar algún legado, como hizo mi padre. En mi caso, éste no puede ser otro que algo ligado al conocimiento, que a ser posible revirtiera en el bienestar de mi tierra, en la que tanto queda por hacer. No debo quejarme de lo que tengo  -hacen bien quienes me lo recuerdan- aunque  hoy por hoy ni el sector que elegí hace muchos  años a tal fin (el turismo, por sus grandes perspectivas de futuro aún por desarrollar en buena medida) ni la plataforma que tengo para ello (la Universidad de Huelva)  me facilitan llegar adonde quiero. Tal vez deba buscar otra, pero cada vez me queda menos tiempo. Ese es el cambio que estoy rumiando.

En el caso de la provincia de Huelva convergen tres males (plagas en terminología bíblica) que suponen un pesado lastre para su desarrollo: nuestros representantes políticos (como en toda generalización hay excepciones),  algunos representantes empresariales (no los empresarios de verdad, muchos de los cuales no se sienten representados por ellos) y una universidad (incluida su Consejo Social) que en sus 22 años de existencia todavía no ha entendido que debe apostar más por el turismo,  un sector básico tanto en su presente como, y aún más, para su futuro (tampoco lo ha hecho por otros del mismo tenor). Claro que me gustaría expresarme de otra manera,  pero parte de mi forma de ser es la sinceridad, con el agravante de que tales circunstancias no tienen visos de mejorar: llevan enquistadas demasiado tiempo.

Todo esto se adereza con una serie de comportamientos enraizados, bien conocidos en la literatura, que limitan nuestra capacidad de aprehender la realidad en la que hemos de tomar decisiones y actuar:

-“No ver más allá del propio ombligo”. Aquí hemos de lograr el equilibro entre saber valorar y sentirnos orgullosos de  lo que tenemos y somos (ese básico sentido de identidad) con tener presente que no estamos solos en la faz de la tierra, lo cual parece una perogrullada, pero no lo es en nuestro caso: el mensaje del onubensismo vacuo no sirve; el mensaje, por ejemplo, de que nuestras playas y nuestra gastronomía son las mejores del mundo tampoco vale (otros también tienen muy buenas playas y gastronomía, además de saber venderlas); son mensajes para el mero consumo político interno, si no van acompañados de un ejercicio de realismo, de planificación y de alianza con la sociedad. La flauta suena muy pocas veces por casualidad, y menos si la tocamos mirándonos al ombligo. Lo ocurrido el pasado día 6 con la capitalidad española de la gastronomía es un ejemplo más. Yo mismo he argumentado que es una buena línea de trabajo, una de las más prometedoras, si bien proyectos de este alcance hay que prepararlos con tiempo para atar los cabos lo mejor posible. El haberlo intentado tiene su lado positivo, pero midiendo muy bien los pasos, porque la autoestima colectiva no está para muchos trotes. Ahora toca la autocrítica y aprender de lo ocurrido, pero si nos limitamos, como es habitual, a buscar el enemigo exterior, no sacaremos nada de provecho para volver a intentarlo con más garantías. Huelva no se merecería esto.

-“No escuchar a los demás”. Más claro agua en el caso de nuestros dirigentes (nuevamente refiero que en toda generalización hay excepciones). Ni se escuchan entre ellos, por aquello de las diferencias políticas, ni dan a la universidad el papel que debiera tener como principal agente del conocimiento (sin perjuicio de otros). Con un poco de inteligencia sabrían cómo tenerla a su lado y valorarían la importancia de ello, en un camino que debería ser recorrido juntos, no por separado.

-“No tener suficiente capacidad de adaptación”. El mundo cambia, evoluciona vertiginosamente, pero aquí seguimos pensando sólo en promoción y en un patrón turístico del siglo pasado, intensivo en camas y pernoctaciones, que imponen las grandes cadenas (si es posible con todo incluido). ¿Cuál es nuestro modelo diferenciador? Ni se plantea. Si esto no está claro, estaremos construyendo la casa por el tejado, y parte de ese tejado es, por ejemplo, el aeropuerto. No nos dejemos encandilar, sin más.

-“Estancarse”.  La Reina de Corazones, en el cuento de ‘Alicia en el País de las Maravillas’, venía a decir algo así como que aquí hay que ir muy rápido simplemente para seguir estando en el mismo sitio, y Huelva  no ha podido seguir la velocidad que otros han imprimido. Se ha quedado estancada en infraestructuras, como se ha repetido tantas veces, pero también en ideas, en proyectos colectivos que ilusionen. Tanta promesa incumplida ha generado hastío y descrédito. Es imprescindible recuperar la confianza, para lo cual hace falta renovación, cambios profundos; casi lo que Schiumpeter denominó la “destrucción creativa”, es decir, mucho más allá de la cosmética mediática. Y en este proceso la participación es fundamental: la llamada a las urnas cada cuatro años no es ni mucho menos suficiente; ni unos cuantos (muy pocos) pueden decidir un futuro que es de todos, por ejemplo en el caso del turismo provincial.

Este es un artículo deliberadamente inacabado…quizás vuelva sobre sus huellas en un futuro;  tal vez EL MURO sea renovado. Aunque soy perseverante cuando creo que me asiste la razón, necesito tiempo y distancia, tomar aire y repensar. Paso, pues, al anonimato. Es lo que deseo y creo mejor en estos momentos. 
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Publicado en Huelva Información, 11-10-15, p. 8.

domingo, 11 de octubre de 2015

HUELVA: RESULTADO DE UN PROCESO DE CO-CREACIÓN

El ilustre poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935), en su obra el "Libro del desasosiego", se preguntaba qué es el misterio, y respondía que el misterio es que alguien piense en el misterio. 

Diría que Huelva es un gran misterio. Nos hemos hecho esa pregunta o algunas parecidas para intentar comprender qué es lo que pasa en la tierra de las eternas potencialidades (con base en su rica diversidad de recursos) y las escasas realidades (ahí están sus estadísticas socio-económicas, incluidas las de extensión de la pobreza). Pues bien, parafraseando al poeta, Huelva será el resultado de que alguien piense en Huelva. Deberíamos ser muchos los que pensáramos en su interés general, pero parece que no es así; otros intereses predominan. Debería existir un liderazgo integrador que canalizara ese proceso de co-creación de nuestro futuro, pero rotundamente no existe tal liderazgo (el descrédito de quienes viven de la política o medran en ella es estratosférico). Si no somos nosotros quienes tomamos las riendas de nuestro propio destino, la sociedad civil desde abajo, otros desde arriba (los correspondientes lobbies en cada caso, que responden a sus intereses particulares) lo harán por nosotros: más bien parece que es esto último lo que está sucediendo (el turismo, en mi opinión, es un claro ejemplo de ello). Sin entrar en particularidades como las que entraña el referido sector (no es el objeto de este post), el problema de fondo es el que revela la siguiente imagen:



Generalizando, mi diagnóstico es el siguiente:

1.Se trata de una sociedad con un nivel educativo / cultural relativamente bajo, poco leída e informada que se lo traga todo (o casi).

2.Es una sociedad adormecida, que rehuye el compromiso para vivir la vida con Pepsi Cola. Parafraseando ahora a Henry Ford, para qué pensar, ya les pagamos a otros para que lo hagan por nosotros. Es lo que se ha cultivado desde arriba.
3.Es una sociedad en la que se ha tejido una dependencia tan grande de la cosa pública que la gente teme alzar su voz. Aunque parezca mentira a estas alturas y en un sistema democrático, yo detecto miedo a decir públicamente lo que se piensa no vaya a ser que se moleste a los poderosos y te vaya a perjudicar. 
4.Es una sociedad muy poco vertebrada socialmente desde el punto de vista del pensamiento y la crítica constructiva. ¿Qué foros existen, aparte de aquellos que dan voz a esos poderosos y a los que la gente va a ser vistos? La resultante es el pensamiento único, o casi, o el no pensamiento. Mirad el panorama de los medios de comunicación, e incluso el papel de la universidad. 
5.Es una sociedad que prima escasamente el mérito y la capacidad acreditados (excepto en el caso del deporte, el somnífero por excelencia), sino a quien ocupa el poder sin importar cómo, realimentándolo. 
6.La resultante es una sociedad con una capacidad de autocritica muy débil, con escasa renovación de personas e ideas, caracterizada por el culto al poderoso a nivel político y/o económico, donde quien ostenta el poder se siente muy cómodo. La resultante es una sociedad atrasada y mediocre.

Es obvio que me gustaría expresarme de otra manera, pues se trata de mi tierra y mis gentes (no existe una única Huelva, sino varias), pero así la veo y ahí creo que está el origen de nuestros muchos problemas y carencias, que nos impide salir del profundo pozo en el que estamos. Antes de buscar el enemigo exterior, mirémonos al espejo.

A partir de aquí, atisbar la solución resulta muy difícil. Me temo que ésta sólo puede venir:


-o de un estallido social, que, aunque no deseado por quien suscribe, si no se ha producido ya, en los peores momentos de la muy dura y larga crisis actual, será difícil que ocurra (los analgésicos de la fiesta y el fútbol han seguido funcionando eficazmente, así como la enorme labor humanitaria de organizaciones varias y el núcleo social que representa la familia);

-o a través de la educación y las nuevas generaciones, pero la educación/cultura en nuestro país, y especialmente en Andalucía, está como está, es decir, cada vez peor, al menos en términos relativos (es decir, si acudimos a las odiosas comparaciones). En todo caso, estaríamos hablando del medio/largo plazo.

Podemos verlo también como la disyuntiva entre cambio radical y cambio gradual. Sea como fuere, sólo desde la presión externa los agentes promotores del (o proclives al) cambio que pudieran existir dentro del sistema actuarán; y siempre se sustanciará en que las personas adecuadas estén en los puestos claves.

No quiero ser un pesimista, sino un realista bien informado. Aunque estemos acostumbrados a vivir en el pozo, hemos de reaccionar frente a quienes van a servirse de la política y no a servir a sus conciudadanos, así como frente a sus mandados, a veces camuflados: ¿tienen algún modus vivendi más allá de la política o de lo derivado de la misma? 

Tienen que empezar a sentir la indiferencia, el desdén, el rechazo de la sociedad, que hay vida más allá de ellos, que no todo gira en torno a ni depende de ellos.  Que son ellos quienes están al servicio de los demás, no al revés. Pero eso de la erótica del poder y acercarse a éste es obvio que encandila a mucha gente, acabando atrapada en sus redes. La política, entendida como servicio temporal a la comunidad de la que formas parte, es un ejercicio noble, pero como profesión se pervierte y se enfanga con intereses espurios. Necesitamos gente que prestigie la política y no padezca de 'autismo': los demás, no interesan a estos efectos. Quitémosles la importancia que no tienen.

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Este post es un complemento del artículo de mi autoría publicado hoy en el diario Huelva Información: http://www.huelvainformacion.es/article/opinion/2130045/aprendizaje.html